LIBROS DE RELATOS CLÁSICOS

 
Espacio en Planificación.
Ir a:

Libros de Relatos

libros de relatos clásicos

libros de relatos clásicos

libros de relatos clásicos
libros de relatos clásicos
Las mil y una noches: No bien estuvieron solos los recién casados, y antes de que tuviesen tiempo de hacerse la menor caricia, sintiéronse de pronto elevados con su lecho, sin poder darse cuenta de lo que les sucedía. Y en un abrir y cerrar de ojos se vieron transportados fuera del palacio y depositados en un lugar que no conocían, y que no era otro que la habitación de Aladino. Y dejándoles llenos de espanto, el efrit fué a prosternarse ante Aladino, y le dijo: "Ya se ha ejecutado tu orden, ¡oh mi señor! ¡Y heme aquí dispuesto a obedecerte en todo lo que tengas que mandarme!" Y le contestó Aladino: "¡Tengo que mandarte que cojas a ese joven y le encierres durante toda la noche en el retrete! ¡Y ven aquí a tomar órdenes mañana por la mañana!" Y el genni de la lámpara contestó con el oído y la obediencia y se apresuró a obedecer. Cogió, pues, brutalmente al hijo del visir y fué a encerrarle en el retrete, metiéndole la cabeza en el agujero. Y sopló sobre él una bocanada fría y pestilente que le dejó inmóvil como un madero en la postura en que estaba. ¡Y he aquí lo referente a él! En cuanto a Aladino, cuando estuvo solo con la princesa Badrú'l-Budur, a pesar del gran amor que por ella sentía, no pensó ni por un instante en abusar de la situación. Y empezó por inclinarse ante ella, llevándose la mano al corazón, y le dijo con voz apasionada: "¡Oh princesa, sabe que aquí estás más segura que en el palacio de tu padre el sultán! ¡Si te hallas en este lugar que desconoces, sólo es para que no sufras las caricias de ese joven cretino, hijo del visir de tu padre! ¡Y aunque es a mí a quien te prometieron en matrimonio, me guardaré bien de tocarte antes de tiempo y antes de que seas mi esposa legítima por el Libro y la Sunnah!" Al oír estas palabras de Aladino, la princesa no pudo comprender nada, primeramente porque estaba muy emocionada, y además, porque ignoraba la antigua promesa de su padre y todos los pormenores del asunto. Y sin saber qué decir, se limitó a llorar mucho. Y Aladino, para demostrarle bien que no abrigaba ninguna mala intención con respecto a ella y para tranquilizarla, se tendió vestido en el lecho, en, el mismo sitio que ocupaba el hijo del visir, y tuvo la precaución de poner un sable desenvainado entre ella y él, para dar a entender que antes se daría la muerte que tocarla, aunque fuese con las puntas de los dedos. Y hasta volvió la espalda a la princesa para no importunarla en manera alguna. Y se durmió con toda tranquilidad, sin volver a ocuparse de la tan deseada presencia de Badrú'l-Budur, como si estuviese solo en su lecho de soltero. En cuanto a la princesa, la emoción que le producía aquella aventura tan extraña, y la situación anómala en que se encontraba, y los pensamientos tumultuosos que la agitaban, mezcla de miedo y de asombro, la impidieron pegar los ojos en toda la noche. Pero sin duda tenía menos motivo de queja que el hijo del visir, que estaba en el retrete con la cabeza metida en el agujero y no podía hacer ni un movimiento a causa de la espantosa bocanada que le había echado el efrit para inmovilizarle. De todos modos, la suerte de ambos esposos fué bastante aflictiva y calamitosa para una primera noche de bodas... En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
Libros de relatos cortos | Libros de relatos de amor | Libros de relatos fantásticos | Libros de relatos clásicos | Libros de relatos latinoamericanos

 

autoayuda libros | libros en castellano | libros de cuentos